Vivir con dignidad significa poder tener una vivienda digna, tener los alimentos necesarios para desarrollarse, tener acceso a la sanidad, educación, en definitiva a vivir con dignidad.
Desgraciadamente esto no ocurre en el mundo en que vivimos, pues es el azar el que decide dónde nace un niño. Si naces en un país del primer mundo, todo lo tienes a tu alcance, pero si tienes la mala fortuna de nacer en un país del tercer mundo, sobretodo en la zona del África subsahariana, no tendrás acceso a las condiciones necesarias que te permitan tener una vida digna.
De la injusticia que existe en el mundo por motivos políticos y económicos, yo puedo hablar específicamente sobre el problema que padece el pueblo saharaui. Este pueblo vivía en la antigua provincia española número 53, denominada Sáhara español, con su territorio entre el sur de Marruecos i el norte de Mauritania, en la costa atlántica frente a las islas Canarias. Hace treinta y un años fue invadido por Marruecos y sus habitantes, es decir, los saharauis fueron expulsados de sus casas y tuvieron que huir a Argelia, donde el gobierno argelino les prestó un territorio en la zona más árida y pedregosa del desierto del Sáhara. Alli viven en "jaimas", que son tiendas de campaña grandes, sin electricidad ni agua. Los alimentos se los da las Naciones Unidas para su supervivencia. Como viven en un desierto, el clima es muy extremo, las noches son muy frías y los días muy calurosos (en verano rozan los 50º C). Yo he vivido directamente la experiencia de ser solidario y ayudar al pueblo saharaui, especialmente a los niños.
Desde el año 2001, en mi casa tenemos acogido a un niño saharaui que convive con mi familia desde que yo tenía nueve años y él diez. Desde entonces es un miembro más de la familia y de esta manera tiene acceso a los mismos derechos que tengo yo viviendo en el primer mundo.
Además de este niño, todos los veranos y desde hace seis años, los meses de julio y agosto ha venido para pasar estos dos meses un niño/a con mi familia en un proyecto llamado "Vacaciones en Paz". Con este proyecto se pretende que a los niños de edades entre ocho y doce años, se les haga una revisión médica (acceso a la sanidad, que en los campamentos de refugiados no tienen). También se consigue que durante estos dos meses tengan una alimentación como correspondería a cualquier niño.
Para mi fue muy emocionante la primera vez que un niño saharaui vió el mar. Su emocionante mirada se perdía a lo largo del horizonte. Con mi vivencia quiero transmitir la satisfacción que supone ayudar y ser solidario con los niños más desfavorecidos. La solidaridad es un valor de lo más importante.
Alejandro Samper
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